Una vez que el test de embarazo da positivo, se debe acudir al ginecólogo para que afirme el médico al 100% el embarazo. Y es a partir de ahí cuando comienzan las pruebas que debe realizar una mujer embarazada, para comprobar que el bebé crece y está en perfecto estado.

 

Pruebas en el primer trimestre

En la semanas 8-10 es cuando se realiza la primera consulta. En una primera ecografía, se permite determinar el tamaño del feto y su situación, confirmar la edad gestacional, conocer si el embarazo es único o múltiple, y también diagnosticar problemas prematuras como puede ser el que se produzca un aborto espontáneo

En estas semanas también se realizan análisis de sangre y orina, para ver otras cosas como el tiroides, enfermedades infecciosas, como puede ser sífilis, hepatitis B,  etc.

Al final de este trimestre también se realizan pruebas como la de detectar si el bebé tiene síndrome de Down.

Pruebas

Pruebas en el segundo trimestre

En el segundo trimestre es cuando la madre empieza a normalizar el embarazo y se estrechan vínculos entre madre e hijo. En este periodo de tiempo se realiza la prueba de tolerancia a la glucosa.

Y en la semana 20, tiene lugar otra importante ecografía en la que se estudian los órganos fetales y extremidades y además se buscan posibles malformaciones.

Pruebas

Pruebas en el tercer trimestre

Esta es la última fase del embarazo y está cerca del nacimiento del bebé. En esta fase  aparecen nuevos miedos y también molestias por el volumen del feto y del envoltorio.

Se realizan analíticas que incluyen los controles habituales de bioquímica y hematología y otra analítica de coagulación. Si hay anemia, se indicará recetará un suplemento de hierro.

En la semana 34 se realiza la ecografía llamada ecografía de nacimiento en la que se ve cómo está el bebé colocado, si su crecimiento es bueno y además se examina el líquido amniótico y la placenta.

En la semana 36 se lleva a cabo un cultivo vaginal para detectar la posible presencia del estreptococo agalactiae, que se trata de un germen que puede crearle una infección al bebé.

Por último, en la semana 40 se realizan los monitores para controlar la frecuencia cardíaca del bebé y las contracciones del útero de la madre, mediante unas correas que se atan alrededor de la tripa de la embarazada.

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